Ortografía de los signos de interrogación y exclamación

¿Se puede prescindir de los signos de apertura?

No, pues en español los signos de interrogación y exclamación son signos dobles.

A diferencia de lo que ocurre en otras lenguas, los signos de interrogación y exclamación son signos dobles en español, como los paréntesis o los corchetes. Por tanto, es incorrecto prescindir del signo de apertura en los enunciados interrogativos o exclamativos:

         ¿Quién le ha llamado? (no Quién le ha llamado?).

         ¡Qué prisa tienes! (no Qué prisa tienes!).

Cuando los signos de cierre (? !) constituyen el final del enunciado, la palabra que sigue se escribe con mayúscula inicial.

         ¿Dónde está el restaurante? Olvidé mirarlo en la guía.

         ¡Qué frío! Coge el abrigo y la bufanda.

¿Tras los signos de cierre de interrogación o exclamación se escribe punto?

No, tras los signos de cierre de interrogación y exclamación nunca se escribe punto; sí pueden aparecer, en cambio, otros signos de puntuación —por ejemplo, una coma— si con la interrogación o la exclamación no termina el enunciado: ¡Espera!, ¿vale? Estoy acabando.

Imaginemos un texto sin puntos. Difícil de leer, ¿verdad? Todo cambia si los enunciados, unidades mínimas de comunicación, se delimitan adecuadamente. Para ello, la ortografía cuenta con dos recursos imprescindibles: la mayúscula, que indica el inicio de los enunciados, y el punto, que marca su fin. Pero la función de indicar el final del enunciado no es exclusiva del punto: también los puntos suspensivos, el signo de cierre de interrogación y el signo de cierre de exclamación pueden desempeñar esa función delimitadora. En este fragmento de El penúltimo sueño, de la colombiana Ángela Becerra, se ejemplifican estas cuatro formas de cerrar los enunciados. Nótese que cada uno se inicia con la mayúscula correspondiente y que, después de los puntos suspensivos y de los signos de interrogación y exclamación de cierre, se deja un espacio, pero no se escribe punto: hacerlo es innecesario e incorrecto.

         De usted no quiero nada… ¿Me ha entendido? ¡Nada! Lo recogió y se marchó, dejando tras de sí una ráfaga de viento helado.

¿Y delante de los signos de apertura? ¿Puede aparecer un punto? ¡Por supuesto que sí! En este caso, cada signo pertenece a un enunciado diferente: el punto cierra el primer enunciado y el signo de apertura de interrogación o exclamación inicia el siguiente. Entre ambos debe dejarse un espacio de separación: «Me puse a llorar de alegría, a saltar y abrazarlos. ¿Te puedes imaginar ese momento? (Moema Viezzer Si me permiten hablar… [Bolivia 1977]).

Por último, a diferencia del punto, los signos de interrogación y exclamación pueden delimitar fragmentos de texto inferiores al enunciado, como en Hola, ¿cómo estás? En ese caso, la pregunta o la exclamación puede ir precedida o seguida de coma, punto y coma o dos puntos, el signo que corresponda según el contexto: «Les puse hasta nombre a mis amigos, ¿sabes?: Esteban, Daniel y Pedro» (Alonso Cueto El susurro de la mujer ballena [Perú 2007]); «Que no te oiga la Rosalía, porque se me va; ¡y yo no puedo vivir sin ella!» (José Donoso Donde van a morir los elefantes [Chile 1995]). Cuidado con el uso de la mayúscula, que solo se empleará en la palabra que aparece al principio del enunciado.

¿Se pueden repetir los signos de interrogación y exclamación?

Los signos de exclamación pueden repetirse para aportar énfasis: ¡¡¡Dios mío!!!; los de interrogación, en cambio, no, pero pueden combinarse con los de exclamación: ¿¡Cómo!? ¡¿Qué?!

Además de su función característica —delimitar las oraciones interrogativas y exclamativas directas—, los signos de interrogación y exclamación tienen ciertos usos especiales. En general están destinados a aumentar la expresividad en la escritura y, por ello, rara vez aparecen fuera de obras literarias y textos publicitarios o propios de registros informales. Así, si se quiere indicar un incremento en el énfasis exclamativo, es posible repetir dos o tres veces los signos de exclamación, como en este ejemplo de Larra, extraído de uno de sus famosos artículos, titulado La diligencia: «¡Ha ido a París! ¡¡Ha vuelto de París!! ¡¡¡Jesús!!!».

La repetición de interrogaciones, en cambio, no es normal en español; para reforzar expresivamente la pregunta y teñirla de sorpresa, incredulidad o contrariedad, los signos de interrogación se combinan con los de exclamación. En estos casos, es igualmente válido abrir con el de interrogación y cerrar con el de exclamación (¿Quieres callarte ya, caramba!) o viceversa (¡Qué estás diciendo?), aunque es preferible y más habitual abrir y cerrar con ambos a la vez. Tampoco aquí existe un orden preferente, pero debe cerrarse primero el que se abrió en segundo lugar (¡¿Qué dices?! o ¿¡Qué dices!?, pero no ¿¡Qué dices?! ni ¡¿Qué dices!?).

En todo caso, conviene tener en cuenta que muchos matices que en el discurso oral se manifiestan mediante pausas y cambios de tono, duración o intensidad en la curva melódica son difícilmente transmisibles en toda su riqueza a través de la escritura. La puntuación, por tanto, tiene sus límites.

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